La vida sin ilusiones no es nada.
Nada.
Nada. Como si una pequeña parte de tí hubiera muerto.
Yo tuve ilusiones. Algunas me las arrebataron. Otras las perdí yo misma a fuerza de desengaños.
Y ahora no me quedan ilusiones. No me queda
nada.
Así me levanto todos los días y vivo por inercia, mecánicamente, como una autómata. Como si no viviera.